Publicado el 20 octubre, 2021 por Xavier Surrá
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La prostitución en la cultura musulmana

A pesar de que las tres principales religiones occidentales surgen del mismo punto, el profeta Abraham, hoy por hoy las diferencias entre ellas son más que notables. A lo largo de los últimos dos mil años, el judaísmo, el islamismo y el cristianismo han ido evolucionando y tomando caminos muy diferentes. De hecho, en muchas ocasiones se han enfrentado entre ellas, por motivos religiosos o como fórmula para acabar con aquellos “infieles” en determinados territorios. Las propias religiones han tenido sus escisiones, y dentro del cristianismo hoy encontramos numerosas ramas que también se diferencian bastante entre sí. Ocurre lo mismo en el judaísmo, y también en el Islam, donde hay dos grandes corrientes principales. Por un lado están los chiíes, que durante mucho tiempo han gobernado en Oriento Próximo y Medio. Por otro lado, los suníes, que son mayoría, y pueblan casi toda África y buena parte de Asia.

También ha habido guerra entre estas dos facciones, que a pesar de reconocer a Mahoma como profeta y al Corán como libro sagrado, interpretan estas escrituras de una forma diferente. Suníes y chiíes llevan siglos enfrentándose en los territorios que controlan, tomando el poder de forma violenta en muchas ocasiones, e imponiendo su teocracia en determinados países. Y hay algo especialmente curioso que los diferencia: la visión que tienen sobre la prostitución. De hecho, la diferencia entre ambos bandos se hizo notable con la llegada de los chiitas al poder en Irán, en 1978, donde se propuso revitalizar el concepto de Shigeh, por el cual los hombres podrían contratar a prostitutas y pagar por sus servicios sexuales. Los suníes, sin embargo, se muestran en contra por completo de este método, y afirman que el mismísimo Mahoma lo prohibió, optando por el concubinato y la poligamia. Dos visiones muy diferentes dentro de una misma cultural, la musulmana, que en muchas ocasiones se nos muestra como arcaica y totalmente misógina incluso para nuestros días.

El comienzo de la profesión

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La prostitución es, para muchos, uno de los oficios más antiguos que existen. Siempre se comenta que antes de que existieran comerciantes ya había mujeres ofreciendo sus servicios sexuales a cambio de bienes u otros servicios. Y la tradición musulmana también se hace eco de esto, al igual que la propia tradición cristiana en el Antiguo Testamento. Las prostitutas eran vistas como mujeres libertinas, y se las trataba peyorativamente, pero los hombres podían gozar de ellas. Los viajeros, de hecho, solían acostarse con meretrices allá donde paraban, como algo tan natural como parar a beber agua o descansar. Las rutas por donde los árabes cruzaban se llenaron de prostíbulos, y la profesión se fue afianzando, al menos durante los primeros siglos de nuestra era.

Prohibición por Mahoma en el siglo VII

Las relaciones entre hombres y mujeres por dinero se consideran Al-mut’a dentro del Islam. Como ya hemos visto, una parte de los creyentes en esta religión, los más numerosos, de hecho, la rechazan por completo y consideran que el propio Mahoma prohibió dicho intercambio en el siglo VII. Los suníes afirman que el profeta islámico prefirió la alternativa del concubinato, y dio permiso a los hombres a tener varias esposas siempre que pudiera mantenerlas. En este sentido, el propio Corán afirma que a las mujeres de las que un hombre goce hay que retribuirlas, lo cual incluiría también a sus propias esposas. Como siempre, la interpretación es lo que determina el significado de la frase en cuestión. Para los suníes, cualquier intercambio de sexo por dinero está prohibido, no solo por el beneficio, sino por ser algo concreto, y sin continuidad.

Un pecado en el Islam

A la hora de hablar del Islam uno siempre tiene que generalizar, puesto que como ya hemos visto no hay una sola visión de un concepto o asunto. Mucho menos en lo que se refiere al sexo, algo que supone también un tabú importante en esta religión, y sin embargo, sigue regido por la propia ley islámica, la saria. Para los musulmanes, la prostitución es un pecado no por cobrar dinero al ofrecer sexo, sino por el hecho de que la relación no se continúa. Es decir, es algo que ocurre una sola vez, en un momento concreto, y solo por placer. Ni el hombre ni la mujer tienen la intención de seguir con esa relación más adelante, ni mucho menos de convertirse en marido y mujer. Eso es lo que hacer torcer el gesto a los musulmanes, y no tanto el intercambio de sexo por dinero.

¿Y las concubinas de los harenes?

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Dentro del Islam, al menos en la mayoría de sus ramas más importantes, la poligamia está aceptada. De hecho, en muchos casos incluso se empuja a los hombres a contar con más de una mujer, siempre y cuando pueda permitirse el mantenerlas, como ya hemos explicado. El varón puede yacer y convivir con diferentes concubinas en lo que se conoce como harén. Pero eso sí, debe darles el mismo trato a todas ellas, y generar una relación formal con sus esposas. Es aquí donde radica la diferencia con respecto a la prostitución. Las concubinas en los harenes son las esposas de un varón, sus parejas, tanto sexuales como sentimentales. Puede tener todas las que quiera, pero debe mantener esa relación continuada y constante con ellas. No es un intercambio concreto y puntual, sino una relación mucho más extensa. Eso sí, las mujeres deben rendir una absoluta obediencia a sus maridos, sometiéndose por completo a ellos. Esto es una de las causas de la polémica que siempre existe al tratar de explicar el papel de la mujer en el Islam.

¿Existe prostitución clandestina en la cultura musulmana?

Hemos determinado, por tanto, que para la mayoría de los musulmanes el sexo con una prostituta es un pecado grave, al ser fuera del matrimonio. Esto nos lleva a pensar, por tanto, que en los países musulmanes la prostitución estará prohibida y no existirá de facto. Sin embargo, como ocurre en el resto del mundo, en estos territorios también hay burdeles clandestinos, y miles de chicas se emplean como prostitutas. A veces de forma más descarada, otras utilizando salones de belleza o bares como tapaderas. El caso es que uno puede encontrar prostitutas en cualquier ciudad importancia de Marrakech a Kabul, incluso en los lugares donde las ramas más radicales y extremistas del Islam están asentadas. La prostitución, como la vida, siempre acaba abriéndose camino.