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Revolución 2.0: derechos emergentes y reinvención de la democracia - Universidad Nómada
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Sobre nosotros

>  Tomás Herreros

Revolución 2.0: derechos emergentes y reinvención de la democracia

Prefacio   Un artículo de Tomás Herreros y Adrià Rodríguez.

Versión del artículo en rtf y en pdf.

1.Crisis vs. Democracia

2.Derechos emergentes: hacia el welfare 2.0

3.La crisis como forma de gobierno

4.#15m

5.El a-venir de la #globalrevolution y el #15o

1.Crisis vs. Democracia

Parece fuera de toda duda la centralidad histórica del período de 2008 a 2012. Puede afirmarse que lo acontecido en los tres años condensa tendencias, mutaciones y emergencias sobre las cuáles distintas escuelas, prácticas teóricas y políticas habían estado llamando la atención desde finales del siglo XX. Así, la llamada crisis de las subprime ha hecho visible la génesis financiarizada del capitalismo contemporáneo y las dificultades y resistencias que la explotación de la vida y los comunes, diana de la financiarización, acarrearía sobre tal dinámica.

Por el contrario, ha sorprendido, al menos para el caso europeo, la inflexión y a la vez la intensidad de la época. No era automático intuir el devenir Katrina de la crisis de las subprime sobre el paisaje europeo. Cuesta imaginar, es cierto, a los Trichet, Durao Barroso y demás aristocracia imperial leyendo la doctrina del shock de Naomi Klein. Pero, en cambio, más allá de las buenas intenciones -la reforma del capitalismo que prometían en el otoño de 2008- el gobierno de la crisis ha servido para aplicar la austerity y los budget cuts a modo de doctrina de shock, modificando y atacando despiadadamente el welfare y por tanto las condiciones en las que opera la vida social. Debe decirse alto y claro: las llamadas políticas de austeridad, como corolario del rescate financiero, acarrean tanto una agresión inusitada y salvaje a bienes públicos -la sanidad, la educación o las pensiones, entre otros-, como también un tour de force a las externalidades, a los comunes y a la cooperación social.

Se reactualiza, de ésta forma, una suerte de acumulación originaria, conocida como acumulación por desposesión (i); esto es: el robo y el expolio de la riqueza de forma directa, violenta y sin contemplaciones. No se trata de un giro de timón del capitalismo sino de una aceleración de las políticas neoliberales de las últimas décadas. La diferencia es que su aplicación ya no se realiza a lo largo de períodos dilatados de tiempo: más bien se hace a modo de shock, inmediatamente, incluso semanalmente, de forma espasmódica y obviamente al margen de procesos democráticos regulares. La tendencia es, así, la profundización e instauración de mecanismos de expropiación directa de la vida social para la producción de beneficios. Estás políticas funcionan como mecanismos de transacción, permitiendo convertir los derechos y la vida de las poblaciones en beneficios financieros. Mecanismos parasitarios que se dedican, cada vez más, a succionar y destruir de forma despiadada la vida y que suponen un grave ataque tanto al bienestar como a la democracia. De ésta forma, la inflexión e intensidad del período 2008-2012 han servido para recordar la certeza de los axiomas de la vieja economía política: la crisis no es una excepción en la economía capitalista; supone un modo para poner en funcionamiento mecanismos cada vez más intensivos, y por eso violentos, de extracción de la riqueza. Y para sobrepasarlos: cuando la economía es la financiarización, esto es, la explotación de la vida en sociedad -la vivienda, la formación, el cuidado, la comunicación,…- más intensidad adquieren estos mecanismos de extracción de la riqueza; y son además de violentos, inverosímiles cuando pretender introducir la escasez, difícilmente concebible y por tanto artificial, en procesos productivos intrínsecamente abundantes. Cuestiones nítidas como el reposicionamiento de las élites globales, ilustrado fehacientemente con el desplazamiento de distintos exaltos cargos de Goldman Sachs a altos puestos de instituciones financieras y políticas europeasii, son señal inequívoca de los tiempo actuales: la austeridad tiene que ver cada vez menos con una cuestión ideológica para los gobernantes europeos, y cada vez más con intereses de actores que presagian en la destrucción de la sociedad europea una gran oportunidad para hacer dinero.

Sin embargo, los últimos meses constatan cómo el epicentro ya no es la crisis ni tampoco su gobierno con su promesa nunca cumplida de “vuelta a la normalidad”; el epicentro actual, la rabiosa actualidad, son la revoluciones democráticas del Magreb, es el #15m, la indignación en los Balcanes, Israel, Palestina, Islandia, Portugal o Grecia, las acampadas que sacuden ya medio mundo, las protestas y ocupaciones en Wisconsin o Italia, los london riots, las movilizaciones estudiantiles en Chile o la rebelión de #occupywallstreet replicada por todo EEUU. El ciclo, ya global, y evidentemente diverso, expresa no obstante en todos sus episodios la posibilidad y necesidad de la democracia real y global como horizonte de las luchas. Dicho en otras palabras: sólo una ola de indignación multitudinaria y planetaria será capaz de poner en jaque los mecanismos de producción y distribución de la riqueza, y por tanto de salir de la tormenta global que amenaza con llevar a la quiebra la economía y la sociedad planetaria.

El tiempo de malabarismos ha terminado. La política monetaria, los eurobonos o la argumentación de supuestas salidas a la crisis con complejos lenguajes-expertos como meros diques de contención no son suficientes. Solo habrá salida de la crisis con insurrección multitudinaria que permita una redefinición radical de las condiciones de existencia (que son nuevos derechos, justicia global y, prioritariamente, distribución igualitaria de la riqueza). Todo ello conforma la variable independiente anti crisis. En las próximas páginas se intenta abordarlo aportando elementos que, bajo nuestro punto de vista, dan cuenta de este desafío.

1.Derechos Emergentes: hacia el welfare 2.0

El espacio de la producción contemporánea es la ciudad y la metrópolis. Para la financiarización, esto es, para el capitalismo contemporáneo, las externalidades, los comunes, devienen la mercadería sui generis de beneficio capitalista. Es así como las políticas urbanas han actuado a modo de growth machine, con centralidad absoluta de las políticas de promoción urbana y desarrollo del mercado inmobiliario. Para ello la clave ha sido promocionar la ciudad a fin de obtener una percepción pública de la misma a modo de marca, o branding, movilizando intangibles, comunes en definitiva. Las ciudades buscan pues una mejora permanentemente de su posición competitiva sobre una base propiamente empresarial. Las políticas urbanas son, por ello adictas al crecimiento, y es por esta razón que se acompañan de sofisticados experimentos de atracción de flujos turísticos y de inversión. Toma cuerpo el llamado “empresarialismo urbano” como forma de gobierno local, donde nuevas capas de beneficiados muestran influencia ilimitada en el decision-making, perjudicando en consecuencia a la democracia local -además de, obviamente, al medio ambiente o a la calidad de vida, entre otras- y generando ingentes transferencias monetarias hacía los poderosos agentes económicos.

El modelo gerencial urbano da lugar, así, a nuevas formas de governance local, en las cuáles las ciudades devienen actores principales del régimen de acumulación. El objetivo es capturar la atención sobre un lugar y singularizarlo –de ahí la necesidad de movilizar intangibles. Es pues una valoración indirecta de lo extraeconómico –un extraeconómico que es parte del patrimonio común, fruto de la cooperación social y al que, desagraciadamente, no se le paga un salario. Las consecuencias en último término ha sido, utilizando a Yann Moulier Boutang, polinizadores no pagados, esto es, captación gratuita y parasitaria de las externalidades sin pagar salario. Una explotación como expropiación de los comunes.

En este contexto de transformación económica, ocurrido en las dos últimas décadas, se ha mostrado la caducidad de políticas de bienestar –el welfare 1.0—de tipo keynesiano. Los derechos giraban alrededor de la centralidad del trabajo asalariado, estable, masculino, blanco y fordista. Todo ello perdió su sentido por distintas razones.

Primero, por el hecho que el trabajo asalariado directo en la financiarización no genera tasas de ocupación equiparables a las de la era fordista. Más bien lo que existe es una parasitación, sin compensación, sin salario, de la riqueza social, creando tasas crecientes de paro estructural. Ello, de algún modo, explica el recurso creciente al crédito como forma de cubrir la reproducción mediante un salario, directo e indirecto, que no existe en la financiarización. Este nuevo proceso de valorización, ilustrado por algunos con nociones como acumulación por desposesión o devenir-renta del beneficio (iii), transforma la anterior organización capitalista directa de la producción por una nueva forma de apropiación parasitaria, externa, de la riqueza social, extrayendo renta directamente de la vida colectiva.

Segundo, por el hecho que esa parasitación de la red, de la metrópolis, de la producción social, genera –en la escasa ocupación creada-, tasas crecientes de precarización. La red permite una organización flexible de la producción, juntando de forma recombinanteiv los distintos fragmentos de trabajo que se hallan dispersos en la metrópolis y en el ciberespacio.

Tercero, y a consecuencia de los anteriores puntos, por el hecho de la nueva naturaleza de la forma-trabajo contemporánea. El trabajo ya no se establece simplemente en la relación salarial sino que se expande por todo el cuerpo social. La información, las aptitudes, las relaciones, la comunicación, las formas de vida, la cultura, los símbolos, que son la materia prima de la producción contemporánea, se producen sobretodo fuera del tiempo de permanencia en la empresa. La obsesión por la posibilidad de medir el tiempo de trabajo en la economía de la red deviene por tanto insaciable: el trabajo que se expande más allá de toda medida.

A consecuencia de estas tres cuestiones, al sujeto contemporáneo urbano le son extrañas –no recibe- políticas de bienestar asociadas al régimen de acumulación y producción actuales. Más bien observa, con desasosiego, como las políticas de bienestar y de distribución de la riqueza adquieren una suerte de dimensión traumática: dan lugar a nuevas formas de segmentación social, creando nuevas divisiones y gradaciones interminables de derechos, lo que ha venido a llamarse la inclusión diferencial (v). El acceso sine qua non, por medio del trabajo asalariado –workfare-, a una riqueza que es producida socialmente, comporta la generalización de la precariedad y de las desigualdades y, a modo de corolario, el odio a la alteridad.

Puede afirmarse, por tanto, que el conjunto de las transformaciones radicales de la vida económica y social –trabajo, relaciones, economía, sociedad, cultura y subjetividad- exigen un replanteamiento de los derechos que funcionaron en la segunda parte del siglo XX y que se han vuelto estériles, en las condiciones actuales, para asegurar la justicia. ¿Cuáles podrían ser estos nuevos derechos? La respuesta debe rastrearse en la cooperación social y los nuevos movimientos metropolitanos de la primera década del siglo XXI quienes, a través de sus prácticas y reivindicaciones, han puesto sobre la mesa la exigencia de un nuevo welfare 2.0, de lo que se ha venido a conocer como commonfare (vi) o derechos emergentes (vii). En las próximas líneas se trata de explicitar algunas de éstas reivindicaciones, prácticas, que han generado los nuevos movimientos metropolitanos. Estas reivindicaciones podrían enunciarse como sigue:

Los derechos del Precariado. Lo que la jerga sociológica llamaba, utilizando a Michael Piore, el sector secundario, esto es, un sector desprotegido, con trayectorias de entrada y salida constante en el mercado de trabajo de los servicios y en el marco de la sociedad-red, se ha convertido, no en una excepción, sino en marca epocal. La nueva composición técnica del trabajo (viii) supone una ruptura antropológica que señala la hegemonía del trabajo biopolítico; señala también la feminización del trabajo –que refiere al incremento de las mujeres al mercado de trabajo, a la creciente importancia de lo afectivo, lo relacional y lo emocional en el trabajo en general, y a la privatización de la reproducción social vinculada al proceso de financiarización-; señala, finalmente, el componente fundamentalmente migrante y heterolingüe de la fuerza de trabajo. Esta nueva composición técnica del trabajo ha alzado su voz, y se ha traducido en una nueva composición política durante la última década, a través de movilizaciones diversas, siendo el Euro May Day –el 1 de Mayo del Precariado— la más significativa. Se trataba de actualizar el 1 de mayo con esa nueva composición flexible, precaria, migrante, femenina, que diluía las fronteras ya caducas entre vida y trabajo. Bajo el lema “Tenemos derechos a tener derechos” tomaron la calle figuras no reconocidas, invisibles, trabajadoras/es de cuidados, culturales, migrantes, etc. Tan importante como eso fue una puesta en escena no identitaria, más parecida a una fiesta con resonancias a las multitudinarias parades por el orgullo y la liberación gay, lesbiana y transexual. El concepto precariedad/precarización, ya no es, después de ésta y otras movilizaciones, una categoría sociológica, sino directamente política. Es una categoría que habla de la necesidad de establecer una nueva carta de derechos: el derecho a la formación, a la reproducción, a la reapropiación, a la renta, al compartir, a los comunes. De derechos a tener derechos más allá de los derechos laborales propios del marco keynesiano, caducos y amortizados.

El derecho a la Vivienda. Un derecho más específico que la nueva composición técnica ha practicado y ha exigido es el derecho a la vivienda. Para el caso español –y aunque con intensidades menores también en otras zonas europeas- la vivienda ha sido el objeto del ciclo inmobiliario provocando una inflación de precios través del crecimiento de la burbuja. Una dinámica ilustrativa de lo que líneas atrás se argumentaba en relación a la ciudad como espacio productivo y generador de externalidades, que se traducen en dicha inflación de la renta urbana. La ausencia de políticas públicas destinadas a asegurar el derecho a la vivienda –más bien se han dedicado servir a bancos e inmobiliarias-, así como la falta de liquidez y la precarización generalizadas, han llevado a inevitablemente a una expansión del crédito hipotecario. Al estallar la burbuja, este acceso a la vivienda mediante el crédito se ha traducido en una explosión de indigencia y depresión que, al menos en el España, ha expulsado ya a más de 300.000 familias a la calle sin que esto suponga la cancelación de la deuda. En ese marco surge la reclamación de la vivienda no sólo como el derecho a un techo sino como un conjunto de derechos que tienen que ver con los cuidados, la salud, los afectos, la participación política, el bienestar o las relaciones. La vivienda se ha levantado como derecho a través de distintas movilizaciones que se han producido en la última década, entre las cuáles cabe destacar la conocida por V de Vivienda (ix). En la actualidad, es destacable el papel que está teniendo las distintas Plataformas de Afectados por la Hipoteca. Si V de Vivienda era un anuncio a la crisis, las Plataformas de Afectados por la Hipoteca son la lucha por sus efectos devastadores, y están consiguiendo una movilización social sin precedentes contra los desahucios, por el derecho a la vivienda y por el derecho a la bancarrota –sobre el cual se tratará líneas más abajo.

El Derecho a la ciudad y a la reapropiación de la política. Es remarcable cómo desde finales de los 90 y la primera década del siglo XXI ha surgido tanto una nueva tipología de centros sociales –los llamados centros sociales de segunda generaciónx- como también la emergencia a la par de instituciones culturales anómalas. Ambos espacios comparten la pretensión de hacer proliferar la vida compartida, la dimensión común de las singularidades que habitan la ciudad. Dotados de recursos económicos que ponen en juego la empresarialidad biopolítica, sitúan en un punto nodal la producción de discurso crítico y las iniciativas de autoformación. Son formas de cooperación social ni privadas ni públicas, que experimentan tipologías de gestión comunitaria de geometría variable, intentando superar la dicotomía entre la política de la representación y el aislamiento individualista, y poniendo en valor la capacidad de las ricas redes sociales para gestionar lo común a través de una institucionalidad postestatal. Estos nuevos espacios han supuesto, además de la evidente riqueza y diversidad de nuevas institucionalidades, poner en marcha importantes experimentos de empoderamiento y protagonismo social en el territorio: una relación táctica y postraumática con el poder y la política de la representación, que permite vectorizar la cooperación, los saberes militantes, las alianzas y  la legitimidad pública hacia conquistas concretas, para situarse como un actor en el escenario metropolitano (xi).

El Derecho a la red y a los bienes inmateriales. La red como espacio de abundancia cultural y comunicativo, producido a través del trabajo colaborativo, está siendo objetivo en los últimos años de las nuevas dinámicas parasitarias del capitalismo cognitivo. Se pretende bloquear, en definitiva, la producción común de riqueza. Aquí no sólo se apuntan al conjunto de luchas que exigen la posibilidad de compartir y producir en común el conjunto de bienes inmateriales –información, conocimiento, cultura, saberes, símbolos. Los movimientos que se han desarrollado alrededor de estas demandas abarcan desde los campesinos indios que luchan contra Monsanto hasta las comunidades de software libre, las luchas por la neutralidad de la red, el número creciente de creadores que utiliza licencias libres en sus creaciones, la lucha contra las patentes farmacéuticas que privatizan saberes ancestrales de comunidades indígenas, las recientes movilizaciones contra la llamada Ley Sinde (xii) en España o el nuevo ciclo de protestas que se desarrollan entorno a la Universidad.

Derecho al default. Si financiarización está basada en la deuda, y la deuda es una anticipación del salario –o de la productividad, en el caso de estados o empresas- el derecho al default –al no retorno de la deuda- se presenta como la forma por excelencia de reapropiación de la riqueza en el capitalismo financiero. El recurso a la deuda es, cada vez más, la única salida viable de millones de familias que se encuentran con dificultades de acceder a un welfare privatizado y a un salario precarizado. Numerosas luchas se han enfrentado a esta situación. De un lado las movilizaciones contra la deuda hipotecaria pero también las luchas de estudiantes en EEUU o Chile contra la deuda estudiantil, o las múltiples protestas que crecen en toda Europa contra la condena que supone el pago de la deuda soberana acumulada por los distintos estados. El no retorno de la deuda no sólo bloquea la forma de apropiación financiera sino que supone un no reconocimiento de la legitimidad de los acreedores. En el contexto español las luchas por el impago de la deuda hipotecaria –llamada Ley de la Dación en Pago-, coordinadas por las Plataformas de Afectados por la Hipoteca, descritas anteriormente, han conseguido parar ya más de 100 desahucios y conseguirán, sin ninguna duda, que las centenares de miles de familias que se encuentran esclavizadas por la deuda, puedan cancelarla y empezar desde cero. Todo un gesto de rechazo a la legitimidad de bancos y a su modo de apropiación feudal de la riqueza.

Derecho a la renta. El derecho a la renta se ha ubicado, durante esta última década, como una cuestión central para los nuevos movimientos. La renta, aquí no sólo asume la dimensión de la distribución de la riqueza en forma de moneda –renta directa, Renta Básica Universal- sino de medios de reproducción de la sociedad misma –renta indirecta, servicios, transportes, comunicación, recursos, infraestructuras. De esta forma los movimientos han exigido la disposición, distribución y acceso a los medios necesarios para la autonomía y reproducción social. Las luchas por la renta directa e indirecta vienen aquí a sustituir lo que en el fordismo fueron las luchas por el salario directo e indirecto, y que se materializaron en lo que conocemos como welfare 1.0. Sin embargo, lo que aquí es central, es el reconocimiento de que la riqueza es producida socialmente, y no sólo en el trabajo, y que por lo tanto el welfare tiene que ser entendido no en base a la solidaridad interclase o al paternalismo sino al reconocimiento de la producción social y al crecimiento de la potencia de dicha producción común de riqueza. En distintos lugares se han desarrollado luchas por el transporte colectivo metropolitanoxiii, por la sanidad o la educación garantizadas, por el derecho a la comunicación y a la información, o por la Renta Básica Universal –estas últimas sobretodo en Italia. Las luchas de esta última década, por lo tanto, han ido más allá de la idea de justicia redistributiva vinculada al welfare 1.0, han entendido que la riqueza no sólo se produce en el trabajo sino en el conjunto de la metrópolis. La riqueza, han apuntado, es el resultado del conjunto de procesos y sinergias metropolitanas: comunicación, movilidad, transporte. Por ello, el reclamo de renta se realiza en base a la reapropiación de los mecanismos mismos de expansión de dicha riqueza social. Las luchas por la renta han sabido identificar, para concluir, la justicia distributiva –y no la justicia redistributiva- como el centro de la cuestión.

Derecho a la hibridación, a la diferencia y a la movilidad. Son los procesos migratorios y de hibridación los que conforman las identidades y constituyen la riqueza cultural y social. Los movimientos migratorios y la circulación global de cuerpos y culturas redibuja constantemente el mapa global de las identidades y las diferencias. Sin embargo podríamos decir que la libertad de las finanzas en la globalización neoliberal es inversamente proporcional a la libertad de circulación de las personas. Las fronteras –físicas, institucionales, de renta, culturales, etc…- y sistemas de control no sólo bloquean la libertad de movimiento sino la libertad de hibridación y de transformación biopolítica a través de la diferencia. Las luchas de los sin papeles, de los migrantes, de los manteros, los conflictos de las banlieues o los london riots señalan la necesidad de repensar nuevas formas de ciudadanía y nuevos derechos a la altura de la globalización, que finalicen las formas de segregación racial y cultural y las nuevas formas de apartheid metropolitano. Estas luchas y conflictos han expresado que es necesario reconocer la riqueza que supone la diferencia y la hibridación, y que, a menos que esta riqueza sea reconocida –con nuevos derechos-, se constatarán crecimientos exponenciales del racismo y del nacionalismo, que incluyen, en su eslabón más demente, ejemplos como el de Anders Breivik en Noruega.

Todas estas luchas tienen que ser entendidas como un proceso constituyente –no un proceso concluso- que expresa la necesidad constante de reinventar los derechos. Son luchas que dan forma a lo que podría llamarse el sindicalismo social metropolitano que bajo formas de movilización democrática incentivan la producción de derechos como forma de materialización de derecho a la ciudad. De toda la producción de derechos, los comentados, los citados u otros expresados en los últimos años que aquí no se explicitan por motivos de espacio, pueden destacarse tres aprendizajes.

El primero radica en su expresión en la forma movimiento. Han surgido en la estela del movimiento global, es decir, utilizan y actualizan sus repertoires. Por un lado, el uso de Internet y de las redes sociales como espacio de organización y por lo tanto como espacio directamente político –con muchas consecuencias, una de ellas, y no poco importante, la autorepresentación y la creciente indiferenciación entre activistas y no activistas. Por otro lado, la invención y profundización de una nueva geografía política, una nueva geografía de la hostilidad. La novedad, por el contrario, cabe encontrarla en la reterritorialización, el énfasis en la metrópolis, en la explicitación del cuerpo que soporta la explotación, en la observación de los procesos de precarización y la parasitación de la riqueza social, pero también la emergencia de nuevas subjetividades urbanas. Muestran, en éste sentido, la creciente segmentariedad social y la inclusión diferencial. Pero también la centralidad de la cultura, de la cooperación social, del general intellect en la producción de la ciudad. ¡La riqueza somos nosotros!, han dicho una y otra vez éstos movimientos refiriéndose a la multitud metropolitana.

El segundo rasgo es que cabe situarlos en la movilización de los pobres metropolitanos. Nombrar la categoría pobres no refiere a una figura de excepción, tipo la del marginado social. Por el contrario, se nombra al conjunto de precarios que habitan la ciudad: migrantes, hipotecados, estudiantes, investigadores, trabajadoras domésticas, cuidadoras, parados, trabajadores culturales y creativos. Son pobres porque poseen poco más que su cuerpo y alguna prótesis tecnológica pero sin embargo producen el mundo. Pobreza aquí no es el nombre de la carencia sino de la potencia; de la potencia de producción del mundo y la vida social. Pobreza es, por lo tanto, el punto de unión entre producción y explotación. Precariedad, por su parte, no es el nombre de la unidad sino de la diferencia. La precariedad indica la necesidad de pensar formas de organización transversales entre las distintas figuras de la pobreza –migrantes, mujeres, estudiantes, hipotecados, parados, investigadores. La precariedad indica la necesidad de pensar una política de la diferencia, del disenso, de la traducción, de la multiplicidad, de la interseccionalidad.

El tercer rasgo refiere al hecho que los movimientos afirman sin ambivalencias a través de sus prácticas que dada la productividad de la ciudad, los derechos deben ser derechos urbanos. O, mejor, derechos emergentes: la condición de emergencia de estos nuevos derechos se explica dado que son plenamente definidos por las luchas, por el poder constituyente metropolitano. Estos derechos son la antesala, el contenido, de lo que podría ser la carta de derechos, sobre el cuál debe articularse el welfare 2.0. El corolario de las cuáles son nuevas formas de gobierno y por tanto de reinvención de la democracia. Los movimientos han señalado, por lo tanto, el error que supone establecer unos derechos de una vez por todas, y de que se trata es de inventar los mecanismos institucionales para que sean las luchas mismas las que puedan renovar constantemente la producción de derechos. He aquí la reactualización de la política, y la verdadera posible salida de la crisis.

2.La Crisis como forma de gobierno

Los gobiernos, lejos de aceptar el envite de los nuevos movimientos, han entrado en una crisis de representación cada vez más irreversible. Lo que podemos llamar el gobierno de la crisis, la forma de operar de la Política Institucional, en el período 2008-2012, especialmente en Europa y obviamente en España, ilustra de forma preclara la irreversibilidad.

A finales de 2008 y principios del 2009 se responsabilizaba a la financiarización y al neoliberalismo. La humanización del capitalismo, su reforma y el aumento de la intervención pública fueron las máximas del momento por parte de las élites políticas. No obstante fueron solo brindis al sol. La realidad ha sido nada de humanización, menos de reformismo y una intervención pública que si ha sido diferente a la del neoliberalismo lo es por su intensidad aun mayor en la redistribución de la riqueza y la ofensiva contra el bienestar, los derechos y contra la vida social en general.

Es en este marco cuando la crisis de representación adquiere naturaleza de crisis política en toda regla. El mainstream de la política institucional ha dejado de existir o solo existe si se convierte en explotación de diferencias y salvoconducto para hacer prevalecer determinadas identidades. A partir de ello se explica la aparición de movimientos populistas, la política de los cuáles exprime (1) guerras entre pobres (“los jubilados abusan de la sanidad pública”, “los parados de los subsidios”, “los migrantes de los subsidios” o “los estudiantes de las becas”), (2) competencia entre territorios (entre el norte de Europa y el Sur, entre el Norte de Italia y el Sur o entre el Norte de España y su Sur, siempre reproduciendo el esquema entre una supuesta productividad frente a la asistencia), (3) la introducción de miedo y gobierno de las pasiones (“se ha vivido por encima de las posibilidades”, “ahora toca apretarse el cinturón, sacrificarse y rebajar expectativas”) (xiv).

Es así como la situación de crisis, y el proceso de desmembramiento y fragilización del cuerpo social, han abierto un terreno fértil para el desarrollo de nuevas formas de gobierno que aprovechan el miedo, la escasez –artificial-, la incertidumbre frente al futuro y la falta de liquidez generalizada. Se consigue de esta forma hacer asumir a la población situaciones hasta hace poco inasumibles. La imposición de la alternativa entre lo peor y lo catastrófico adquiere significados distintos en cada caso: se puede escoger entre reducciones de salarios o perder el empleo, entre el cierre de unos cuantos hospitales o la desaparición de la sanidad pública, entre asumir la austeridad o caminar hacia la bancarrota. En definitiva, entre vivir peor durante un tiempo o vivir peor para siempre. Esta alternativa no sólo es chantajista sino que es una falsa alternativa puesto que ambos caminos llevan al mismo sitio. Sin embargo, la liquidación de toda realidad posible fuera de este campo permite la elección de facto de vivir peor durante un tiempo. De ésta forma el gobierno de la crisis guarda nula vinculación con la disposición de un mapa amplio de posibilidades y de alternativas. Si la disyuntiva se presentara entre vivir peor durante un tiempo o distribución de la riqueza entonces estaría clara la elección. La imposición de la austeridad funciona, por lo tanto, mediante la imposición de la escasez, de una escasez artificial que es generada a nivel económico mediante la introducción de títulos de propiedad a bienes comunes y a nivel discursivo mediante la afirmación dogmatica de que no hay dinero. Por otro lado la austeridad supone también la liquidación de la alteridad, sustituyendo la distribución de la abundancia por la lucha por la escasez, generando una competitividad darwiniana por unos recursos artificialmente escuetos. Esta competitividad está suponiendo, de forma muy clara, un auge del racismo y del nacionalismo en Europa, y un creciente proceso de fascistización de las relaciones y del cuerpo social. Está suponiendo también un incremento de las pasiones tristes -el miedo, el odio, la resignación,…- que muchas veces van dirigidas contra los que están al lado, vistos ahora como simple y pura competencia, en vez de ir dirigidas contra los que están arriba.

Esta crisis política no le es ajena a la izquierda institucional. Mientras la derecha sabe ubicarse en la época de la crisis, la impotencia de la izquierda es manifiesta. Observa, ésta última, síntomas evidentes de crisis de confianza, de apatía. Por un lado es terriblemente nostálgica, sin adecuarse a los tiempos actuales, asumiendo la derrota, con análisis muy frágiles y sobretodo incapaz de presentar propuestas que modifiquen las reglas de juego. Los gobiernos de izquierda en Barcelona, en Cataluña y en España no han sabido reinventarse: las condiciones en las que fueron elegidos abrían la posibilidad de un ejercicio renovado de la política que tuviera en cuenta la potencia de una sociedad organizada. Tiene, por tanto, una responsabilidad inexcusable, por ser incapaces de concebir mecanismos efectivos de distribución de la renta y de invención de nuevos derechos sociales. No han reinventado las formas democráticas, ni la relación del Estado con el cuerpo social, ni emprendido políticas diferentes a las prescritas en los manuales de administración y gerencia territorial. Los gobiernos de izquierda han actuado al dictado de los poderes económicos y extrademocráticos, y no se han puesto al servicio de las urgencias que señalan los nuevos movimientos. Es así como el léxico de la austeridad propio de la derecha, ha tenido en la izquierda una subordinada aceptación, obviamente en grados diversos, bajo el dogma de que ese era, a su pesar, el único recorrido posible. Los recortes en educación, sanidad, en prestaciones, en la jubilación, y tan o más importante, la pérdida de calidad de la democracia a favor de la mercadocracia, con leyes tan pueriles como la Ley Sinde o el rechazo obstinado a la Dación en Pago por parte de la izquierda institucional, son muestras de la carencia de un proyecto, en sus rasgos mayores y de futuro, que pueda desafiar al de la derecha.

Parece pues obvio que ni evidentemente la derecha ni tampoco la izquierda (institucional) han tomado en reto de los derechos emergentes. Quien sí lo ha hecho ha sido el #15M. Seguramente el #15M ha puesto encima de la mesa una verdad como un puño: no eran suficientes ni el lobbysmo, ni el think-thank a secas, ni movimientos fuertes pero localizados; solo una sacudida a gran escala, inteligente y duradera podría poner en juego una reactualización de los derechos y del welfare en la época global, de la comunicación, de la cooperación social, del compartir y de las redes. Podríamos decir que el #15M sería, tal vez, una puesta en escena de aquello que Marx escribió “ante derechos iguales y contrarios, decide la fuerza”. Hablemos pues del #15M.

3.#15m

El #15M como movimiento ha expresado la potencia y el porvenir de la forma-revolución contemporánea. Como siempre la innovación llega del Sur, y el #15m podría decirse que no empezó en Sol sino en la Primavera Árabe y sobretodo en Tahrir. Fue en la revolución egipcia donde nació el germen de lo que puede considerarse lo que es, en las condiciones actuales, la insurrección multitudinaria en la sociedad-red. No obstante, merece la pena focalizar la atención propiamente en el #15M de las ciudades españolas por el hecho que da un paso más respecto a la revuelta árabe en el desborde de la idea de revolución moderna. Lo que la primavera árabe ha demostrado y el #15m ha confirmado –los hechos son testarudos- es que el objetivo no es la toma del poder. La experiencia de la organización en red ha sido tomada por el #15M, y ha confirmado que la revolución del siglo XXI sólo puede ser una revolución inmanente.

Si algo muestra la historia y recoge la sociología de los movimientos sociales es el hecho que la producción de democracia y de derechos sólo se obtiene por las luchas que los pobres libran contra las estructuras e instituciones que reproducen la explotación. Es por ello que en el marco de crisis de la democracia, de crisis política y de crisis del welfare 1.0, junto con la emergencia de reivindicaciones de nuevos derechos –todo ello tratado anteriormente—, no es solo obligado sino absolutamente aconsejable prestar atención a insurrecciones multitudinarias como las del #15M que, más allá de sus siempre difíciles categorizaciones, queda fuera de toda duda que se sitúan en el campo de batalla actual sobre los derechos, si su cierre o su expansión, y que evidentemente fenómenos como el #15M marcan en la dirección de la expansión.

El #15m es un movimiento que comenzó siendo de indignación por la gestión de la crisis económica, se ha convertido en un clamor masivo por una nueva transición democrática –o por una verdadera transición a la democracia, tal y como clamaba una pancarta. Tras la manifestación de Democracia Real YA! (xv) el 15 de Mayo en más de 40 ciudades españolas, algunas personas acamparon en Puerta del Sol de Madrid. Esa misma noche el campamento fue desalojado por la Policía. Lejos de conseguir amedrentar la protesta, una estrategia de difusión masiva mediante Twitter consiguió levantar centenares de acampadas no sólo en todo España, sino en distintas partes de Europa e incluso en varias metrópolis de todo el continente americano. La enorme expansión no se debió a una simple cuestión de solidaridad sino por la intuición de que ahí residía el germen de una verdadera transformación social. A través de las redes se organizó un acontecimiento político novedoso y fresco que rompió, de golpe y plumazo, las pasiones tristes de la vida en las grandes metrópolis capitalistas y las convirtió en las pasiones alegres de inicio de un proceso revolucionario a escala global. #TakeTheSquare conectó al planeta entero en una gran red distribuida, y permitió ocupar las plazas de todas las ciudades españolas y decenas de otras por todo el mundo, en un ejercicio de reinvención radical de la democracia. No sólo esto sino que –como afirmó Alain Badiou- el movimiento poco a poco desplazó de forma radical la línea entre lo posible y lo imposible: es la gente reunida la que prescribe una nueva posibilidad, comprometiéndose con la idea de que son ellos los que tienen la potestad de definir un posiblexvi. El mundo que había sido arrebatado volvía a ser de la ciudadanía conectada en red. La oportunidad de redefinir lo posible también.

En la semana del 16 al 22 de Mayo se levantaron centenares de acampadas, y se organizaron comisiones de todo tipo: acción, comunicación, educación, migración, sanidad, cocina, información, género, trabajo, cultura. Miles de personas empezaron a encontrarse para discutir, organizarse y hacer política. Miles de personas muchas de las cuales nunca habían estado en un proceso político ni hablado de derechos ni de justicia. Algunas palabras que durante mucho tiempo habían sido vaciadas y banalizadas, como “libertad”, “justicia”, “democracia”, “política” y “derechos” volvían a ser palabras plenas y se volvían a encarnar a los significados y significantes de los que habían sido separadas. La multitud empezó a hablar de propia voz de cuestiones fundamentales que hasta el momento sólo habían estado en voz de políticos, tecnócratas y medios de comunicación. Hasta el 15 de Mayo del 2011 la política había consistido en mirar la publicidad electoral en casa de forma aislada e ir a votar cada cuatro años. A partir de esta fecha la política empezaba a ser un proceso de razonamiento compartido y de participación colectiva. El monólogo político quedó roto, y se convirtió en un proceso dialógico.

El #15m demostró desde el primer momento que la inteligencia colectiva no merecía ni tan solo ser comparada con la estupidez y la incompetencia de los que dicen gobernar, ni tampoco con la banalidad e hipocresía de los que dicen informar. El #15m no sólo demostró que el emperador estaba completamente desnudo, sino que la multitud en red era mucho más inteligente que el emperador. El #15m demostró, finalmente, cómo la inteligencia colectiva de Islandia a Tahrir, puede inventar y construir una sociedad donde quién gobierne sea la sociedad en red, la riqueza colectiva de la cooperación, la potencia del común.

Y así fue cómo el emperador se lanzó contra el #15m y lo acusó de “no hacer ninguna propuesta”, de “no estar organizado”, y lo invitó a “convertirse en partido político” y a asumir la dicotomía entre estar dentro de la democracia representativa o estar fuera de la política. Como siempre, la ceguera del emperador le había incapacitado para ver que el #15m había transformado completamente lo político y lo democrático. El jurista de los derechos digitales, David Bravo, dijo acertadamente “El problema de que el #15m no tenga una cabeza visible no es del movimiento sino del verdugo, que no sabe por dónde cortar” (xvii).

En poco más de cuatro días se sacaron de las decenas de plazas documentos con demandas de mínimos que habían sido construidos de forma colectiva mediante las discusiones y asambleas de miles de personas en las plazas. Las centenares de miles de personas en red que habitaron las plazas y las redes fueron capaces de proponer en cinco días lo que los que dicen gobernar, con sus comités de expertos y asesores, no han querido ni sabido proponer en 35 años. Y no sólo esto sino que a diferencia de las propuestas de los políticos, las de las acampadas eran propuestas factibles, razonables y verdaderamente capaces y útiles para responder a los problemas del presente.

De esta forma el #15m se presentó como un verdadero poder constituyente capaz de barrer como una tempestad los oxidados y bloqueados mecanismos de la llamada “participación política y ciudadana”. Amenazó la comodidad de los que dicen gobernar, así como la seguridad de las élites que ellos defienden. De ahí los reproches, mentiras e incluso violencia hacia el movimiento. Acciones que no han podido hacerlo retroceder. Al contrario: han dejado en evidencia, incluso patética, a las élites al poder. En ese marco, el movimiento se ha ido consolidando tanto como rechazo a los recortes y, a la vez, como clamor por la refundación de la democracia y el welfare. Nos parece, a quienes firmamos el artículo, que en la refundación de la democracia y el welfare se encuentran en la potencialidad del movimiento. Siendo comprensible la defensa de lo público en un momento como el actual de privatización de la sanidad y la educación, su defensa pasa ineludiblemente por su reconstrucción. Esto es, por mutaciones sustanciales en las formas de gobierno que, atrapadas entre la corrupción y el maltrato a la población, viren hacia una reinvención de la democracia y por la reivindicación de un nuevo welfare 2.0, que tome los nuevos derechos emergentes y la constitución del commonfare como materia para las luchas. Frente a durísimos recortes del welfare, el movimiento debe apostar, no por de la defensa nostálgica del raquítico bienestar del modelo español, sino por un nuevo modelo de bienestar, una democracia real, dónde la prioridades sean, tal y como ya ha expresado algunas veces, «la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas»xviii. Es en la capacidad de invención de nuevos derechos y las máquinas que los constitucionalizaran dónde se jugaran las partidas del inmediato futuro para el #15M.

Finalmente, el #15m, pero también las distintas protestas que se van desarrollando en todo el mundo, construyen un sentir común, una sensibilidad compartida. El #15m ha gritado “Nos tocan a una, nos tocan a todas”. La emergencia de esta compasión (en el sentido etimológico de com-pathos, padecer conjuntamente) es un hecho clave para el desarrollo del movimiento, y determina la creación de un cuerpo colectivo transnacional, una sensibilidad común que rompe de facto con la subjetividad individualista y competitiva neoliberal.

Los nuevos movimientos han roto con el cuerpo hiperproductivo y mercantilizado del biocapitalismo, han roto con el cuerpo-capital humano, y han expresado nuevas formas de alteridad radical. Con el tiempo se ha ido demostrando que el interés del #15m radica en que se trata de un experimento político profundamente novedoso que permite de ser traducido en múltiples lenguas. #OccupyWallStreet en EEUU, #OccupyLSX en Londres o la acampada de #Syntagma en Atenas lo han demostrado fehacientemente. El #15m, lejos de ser un modelo es un experimento político que de forma situada está siendo practicado en todo el mundo. El movimiento del #15o, aún embrionario, asienta sus pilares precisamente en todas estas cuestiones: la desobediencia pacífica masiva, la ocupación de las plazas y espacios urbanos, las nuevas formas de participación ciudadana, la reapropiación de las TIC, la construcción de una nueva sensibilidad y un nuevo cuerpo colectivo, y la potencia radical de la sociedad-red.

4.El a-venir de la #globalrevolution y el #15o

Lo escrito hasta ahora permite intuir la afirmación que sigue: no hay forma de salir de la crisis sin reapropiación de los mecanismos políticos y de gestión de la vida común por parte de los explotados. Se ha considerado, también, la imposibilidad de salidas estatales a la crisis: la crisis actual es global y por tanto solo puede ser abordada, resuelta, mediante nuevas formas transnacionales de democracia y decisión común. También se ha señalado como la representación encierra la potencia productiva y cooperativa social y, por tanto, bloquea los mecanismos democráticos y de decisión que podrían permitir romper con la situación actual.

Todo ello hace que la reinvención de la democracia sea palabra clave en la situación contemporánea. Esto es, la construcción de nuevos marcos políticos y sociales que permitan la expresión y la constitución de la potencia social para transformar la realidad. No cabe duda que es una tarea ingente, inmensa, inconmensurable. Que se ha iniciado y que, siendo irreversible como única solución a la crisis, no será para nada lineal. Sorteará obstáculos, dificultades, bloqueos. No obstante, nos parece que en la profundización de las lecciones que ha dado los movimientos tipo #15M, se encuentra la clave para acelerar el cambio global. Dichas lecciones pueden sintetizarse en tres puntos.

1.Política de la multiplicidad y la diferencia. La política tradicional está marcada por el seño de la ideología, de la pertenecía y la identidad. Pensar un movimiento amplio, una coalición de los explotados, significa pensar un movimiento construido a partir de la multiplicidad: estudiantes, migrantes, trabajadores, cuidadoras, jubilados, parados, hipotecados, endeudados, precarios, mujeres, jóvenes. Significa también pensar una política de la diferencia, esto es, una política que no reduzca la participación y la pertenencia política a una identidad concreta y estática sino a una posición política, la de los explotados, la de los pobres. Significa también pensar una política interseccional, que sea capaz de articular la multiplicidad de diferencias que componen el mapa de la pobreza. Multiplicidad, pobreza, diferencia, interseccionalidad, son signos de la nueva expresión de la política. En las condiciones actuales, hablar de los explotados o de los pobres es hablar no sólo de los asalariados –tal y como se ha tratado anteriormente- sino del conjunto de los que producen la vida y riqueza común, pero que son violentamente desposeídos de sus medios de existencia y de la posibilidad de disfrutar y compartir dicha riqueza. La clase de los desposeídos globales -el 99%, en el lema de #occupywallstreet- se enfrenta a la clase de los rentistas financieros -el restante 1%. Los que producen la riqueza y los que la parasitan. Los que producen el mundo común y los que reducen dicho mundo a beneficios financieros. Si, tal vez sea una simplificación de la actual estructura y composición de clases, pero expresa con fuerza la actualidad de la economía y explotación en el capitalismo financiero. Mientras la vieja izquierda dice: “¡Cread un partido! ¡Afiliaros a un sindicato! ¡Unamos a los trabajadores!”, los movimientos actuales gritan y twittean: Construyamos una red amplia del conjunto de los explotados, una coalición de los pobres, experimentemos con nuevas instituciones políticas de la multitud precaria, con sindicatos 3.0, con una articulación global de los pobres. Esa apuesta debe desarrollarse. Y de hecho lo hace.

2. Escala de transformación global. Una crisis global exige soluciones globales, o como mínimo transnacionales. Por mucho que la izquierda tradicional continúe respondiendo al capitalismo financiero con más Estado, no existe forma de hacerle realmente frente si no es a escala global. Un broker que compra por la mañana en Tokio para vender más tarde en Nueva York y luego aloja los millones ganados en Suiza no sólo se está burlando de los ciudadanos del mundo sino del conjunto global de estados que supuestamente tienen y pueden hacer frente a tal libertad sin frenos del dinero. Inventar una fiscalidad global y un sistema político –realmente democrático- global es un reto sin duda difícil pero no por ello menos fundamental. Debe tenerse en cuenta que lo global no es una simple suma de estados sino un nuevo territorio constituyente postnacional que debe ser producido democráticamente mediante las luchas. En el #15o millones de personas salieron a la calle en todo el mundo bajo el lema United for a #GlobalChange. Las acampadas y las protestas no dejan de extenderse a escala planetaria. ¿Podrán los movimientos producir nuevos derechos y nuevas instituciones postnacionales, o incluso globales? Mientras la vieja izquierda dice: “¡Volvamos a la soberanía del Estado-nación! ¡Regulemos el capitalismo con el estado! ¡Aseguremos el buen funcionamiento de lo que es público!”, los movimientos actuales gritan y twittean: Inventemos instituciones realmente democráticas globales, exijamos una fiscalidad global y una justicia globales, alcemos un movimiento global capaz de gobernar de forma realmente democrática este nuevo mundo.

3. Derechos emergentes. La cuestión de los derechos emergentes es punto de partida central en la reinvención de la democracia. ¿Quién puede producir estos nuevos derechos? Se trata, sin duda, de los nuevos movimientos. Así sucedió en la crisis del 29, cuando los trabajadores llevaron a Roosevelt a producir nuevos derechos y a impulsar políticas de redistribución de la riqueza a favor de quienes eran sus productores. Lo mismo ha sucedido estos últimos años en algunas partes de Europa o lugares como Brasil o EEUU, aunque con muchísima más ceguera y sordera por parte de la clase política. Los que producen la riqueza, los precarios, los pobres, han exigido y en algunos casos conquistado gobiernos y nuevos derechos. Así sucedió con la elección de Obama el 2008 y así ha sucedido con los favelados en Brasil y las políticas sociales de Lula, con las sentadas de V de Vivienda en España y su conquista de la Renta Mínima de Emancipación, con las luchas –cada vez más extendidas- por la renta básica en Italia, con las reivindicaciones por derecho a Internet y a los bienes inmateriales, con los mapas que trazan los migrantes con sus cuerpos alrededor del globo produciendo nuevas formas de ciudadanía, con los endeudados –sean estudiantes o hipotecados- y su exigencia del derecho a la bancarrota. Lo mismo ha sucedido a lo largo de la historia: son las luchas de las multitudes de pobres exigiendo unas nuevas condiciones de existencia las que han transformado la vida social y las que han conquistado una nueva repartición de la riqueza y un nuevo bienestar. Los nuevos derechos y las luchas sociales son quienes reinventan la democracia, y no los experimentos de governance elaborados desde las atalayas académicas y/o políticas. Aprender de y, sobretodo, participar en estas luchas es la materia para la nueva democracia. Mientras la vieja izquierda dice: “¡Volvamos a Keynes! ¡Defendamos los derechos de los trabajadores! ¡Aseguremos salarios dignos! ¡Hagamos un nuevo pacto capital/trabajo!”, los movimientos actuales gritan y twittean: Inventemos nuevos derechos, un welfare 2.0 para los precarios, aseguremos una Renta Básica Universal, derechos para todas y todos, una distribución y gestión democrática de la riqueza común.

Hace apenas un año el silencio parecía acompañar la desesperación y la angustia por la gestión de la crisis como forma de gobierno. La aparente quietud de lo social llevó a algunos a soñar que la old mole había muerto. Pero el Viejo Topo trabajaba en la quietud, hasta que salió encarnado en la Primavera Árabe y en el #15M para gritar aquí estamos y hemos construido nuevas herramientas, nuevas máquinas. Desde entonces el mundo es otro. La Revolución 2.0 es una realidad. No se puede gobernar contra todos. La emancipación de la ciudadanía, de las ciudadanías en plural, será obra de las mismas ciudadanías plurales, de las luchas de los pobres.


1. Véase: HARVEY, D. (2003) El nuevo imperialismo. Madrid, Akal

2. Mario Draghi, ex vicepresidente de Goldman Sachs International es ahora presidente del Banco Central Europeo. Karel van Miert, exconsultor internacional de Goldman Sachs es ahora miembro del Parlamento Europeo. Mario Monti es el actual primer ministro de  Italia y consultor de Goldman Sachs. Antonio Borges, exvicepresidente y director general de Goldman Sachs International, es ahora director del FMI Europa. Petros Christodoulou, financiero formado en Goldman Sachs es el actual director de la agencia de gestión de la deuda de Grecia. Lucas Papadermos era el director del Banco Central de Grecia y responsable de la modificación de datos, conjuntamente con Goldman Sachs, que hicieron multiplicar la deuda griega. Acutalmente es el Primer Ministro de Grecia. En esta lista no incluimos los altos cargos de instituciones europeas que han pasado a ser altos cargos de Goldman Sachs.

3. Véase: VERCELLONE, C. (2009) <>, en: UNINOMADE Eds. (2009). La gran crisis de la economía global. Madrid, Traficantes de Sueños

4. Recogemos este concepto de: BERARDI, F. (2007) Generación Post-Alfa: Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires, Tinta Limón.

5. Para el desarrollo de la noción de inclusión diferencial véase: AVILA, D ; MALO, M. (2010). <>, en: Trabajo Social hoy 2010 (59), pp. 137-171

6. RODRÍGUEZ, E. (2003) El Gobierno de lo Imposible. Trabajo y fronteras en las metrópolis de la abundancia. Madrid, Traficantes de sueños

7. Cuando hablamos de welfare 2.0, commonfare o derechos emergentes hablamos de una misma cosa, aunque apliquemos tonalidades diferentes de color a cada idea. Hablamos de una cuestión que consideramos fundamental, que es la necesidad imperiosa de pensar unos nuevos derechos encarnados en el presente, esto es, de redefinir radicalmente las condiciones de existencia. Para el desarrollo de la noción de commonfare véase: RODRÍQUEZ, E. op. cit. Para el desarrollo de la noción de derechos emergentes pueden consultarse los materiales audiovisuales del seminario Drets Emergents. Polítiques publiques, moviments socials i dret a la ciutat (Barcelona, Abril 2011), disponibles en www.dretsemergents.net/ [consulta: 30.11.2011]

8. HARDT, M ; NEGRI, A. (2011) Commonwealth. Madrid, Akal

9. Véase: AAVV. (2005) El cielo está enladrillado: Entre el mobbing y la violencia inmobiliaria y urbanística. Barcelona, Bellaterra.

10. Véase: AAVV. (2008) <>, Monográfico Monster Institutions, en Revista Transversal. Se puede consultar online en www.eipcp.net/transversal/0508/carmonaetal/es [consulta: 30.11.2011]

11. Véase UNIVERSIDAD LIBRE EXPERIMENTAL Eds. (2008) Autonomía y Metrópolis: del movimiento okupa a los centros sociales de segunda generación. Málaga, Centro de Ediciones.

12. La Ley de Economia Sostenible, Ley 2/2011 -conocida popularmente como Ley Sinde- es una polémica propuesta de ley presentada por el PSOE que tiene por objetivo la posibilidad de cerrar webs que permitan el intercambio de archivos.

13. Aquí preferimos usar la expresión de transporte colectivo metropolitano antes que la de transporte público, puesto que pensamos que la noción de lo público está vinculada a la del welfare 1.0. Por el contrario, nuestra intención es la de remarcar las condiciones de la producción social de riqueza, y entender el transporte bajo el prisma del welfare 2.0

14 Para una explicación en detalle estos distintos puntos véase: OBSERVATORIO METROPOLITANO (2011) La crisis que viene. Madrid, Traficantes de Sueños

15 www.democraciarealya.es ; @democraciareal [consulta 31.10.2011]

16 http://blogs.publico.es/fueradelugar/636/alain-badiou-y-el-15-m-una-modificacion-brutal-de-la-relacion-entre-lo-posible-y-lo-imposible [consulta 31.10.2011]

17 https://twitter.com/#!/dbravo/status/85264879321223168 [consulta 31.10.2011]

18 Del comunicado inicial de Democracia Real Ya!, que puede consultarse en: www.democraciarealya.es/manifiesto-comun/ [consulta 30.11.2011]


BIBLIOGRAFÍA

COCCO, G ; NEGRI, A. (2006) GlobAl. Biopoder y luchas en una América Latina Globalizada. Buenos Aires, Paidós

HARDT, M ; NEGRI, A. (2011) Commonwealth. Madrid, Akal

HARVEY, D. (2003) El nuevo imperialismo. Madrid, Akal

LÓPEZ, I ; RODRÏGUEZ, E (2010). Fin de ciclo. Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la onda larga del capitalismo hispano. Madrid, Traficantes de sueños.

OBSERVATORIO METROPOLITANO (2011) La crisis que viene. Madrid, Traficantes de Sueños (2011) y Crisis y revolución en Europa. Madrid, Traficantes de Sueños

RODRÍGUEZ, E. (2003) El Gobierno de lo Imposible. Trabajo y fronteras en las metrópolis de la abundancia. Madrid, Traficantes de sueños

UNIVERSIDAD LIBRE EXPERIMENTAL Eds. (2008) Autonomía y Metrópolis: del movimiento okupa a los centros sociales de segunda generación. Málaga, Centro de Ediciones.

TWITTOGRAFÍA

Algunos de los usuarios y cuentas de Twitter que han servido como material de reflexión e inspiración durante estos últimos meses:

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